Es triste que no se entienda el significado de la profundidad y el eco de cada palabra.
Las palabras son lo que más cercano está de la realidad.
Escribir es condensarlo magistralmente todo y darle un significado.
Estoy divagando. Sé que muchas de las cosas que escribo no tienen sentido. Eso es cierto. Pero no por ello las palabras dejarían de ser acertadas al describir mi vida.
No, nada de esto importa. Nada.
Ni los días, ni las horas. Ni lo que sucede en el mundo.
Es triste tener que vivir para después tener que observar cómo las cosas dejan de tener sentido, cómo todo deja de tener importancia y la vida misma se concluye en una nada infinita.
La nada es todo... es un todo que carece de existencia de cosa alguna.
Sucede que me aburro de esta realidad con cadenas que me ata a lo que he sido.
Me aburro mortalmente de no tener una razón que yo considere válida para todo lo que hago.
He perdido la noción de todo. Nada me parece realmente importante y el verdadero problema es que yo no consigo agradarme a mí misma.
Mi misma me odia (eso creo) y yo la odio también a ella (eso creo también).
Creo muchas cosas, pero es nada en lo que creo. No quiero creer en nada porque inevitablemente todo habrá de irse mañana. Sólo conseguiré quedarme con mi existir, rodeada de muertos que me miran queriéndome sacar los ojos.
Ni siquiera algo de lo que escribo tiene un sentido ni va en línea recta.
Ni tiene pájaros ni palomas.
Ni nada. Nada. Nada.
Haber perdido el hábito, la frecuencia con la que solía escribir, es como haber perdido esa conexión conmigo misma. Es haber-me perdido y ya no saber cómo volver a encontrar-me.
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