jueves, 12 de abril de 2012

Esa humedad


¡Oh! Los cuerpos entrelazados
las miradas que hablaban de lo eterna que es
la habitación cuando estamos
o de lo cortas que son las palabras
para describir este hermoso silencio.
Te tengo, amor, en mis pechos blancos
donde jugabas tus batallas en contra del reloj
resoplando cuando mis labios se disponían a decir,
sin decirlo, que ellos también te amaban.

Con tu nombre puesto en mi conciencia, en mis labios,
en mis manos, en el viento que respiro
para forjar de nuevo un suspiro que dice que te extraña
como extraña mi piel el dulce sudor de tu cuerpo
o como extrañan mis cabellos los cuentos
que le cuentan tus dedos
o como te extrañan mis oídos cuando tu voz
no viene a mi encuentro.

¡Oh! El silencio desgarrado con tus besos
y las sábanas mojadas por el cielo
y los dedos enredados en los dedos
y la humedad bendita de la almohada…
Te tengo, amor, sentada en las puertas
de mi inocencia
en mis piernas territorio de tus rezos,
en mi cuello soñador de tus abismos,
aquí, adentro, en mi pecho.

¡Oh! La noche moribunda
y el amor tan indecible en donde no lloramos ni cantamos
tan sólo andamos
con los cuerpos entrelazados
y las miradas que hablan de lo corta
que es la eternidad
cuando en la habitación estamos.

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